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Cuando me enfrento al reto que supone
materializar una nueva obra es cuando
me siento verdaderamente vivo. Sin
duda alguna el mismo acto de pintar encierra, para mí, la intención de
buscar, de
ordenar, de revelar. En mi
caso el diálogo (obra-pintor) participa
de
lo imprevisible
y de lo inalterable.
Mi
medio preferido es la acuarela, por
eso no suelo corregir y pinto de primera intención. Eludo insistir en una
misma
obra aunque suelo trabajar por series
y
enfocar
una
idea
desde diversos
puntos
de vista.
Cada uno de nosotros guarda dentro de
su ser algo que le viene ya dado, algo
que no se puede transmitir, ni copiar, ni enseñar. Algo
que inexplicablemente
nos acompañará durante toda nuestra
vida sin darnos opción a cambiarlo.
Aunque determine nuestra conducta, (no me refiero a este campo en concreto
sino
a algo más amplio), ese algo rebasa nuestra personalidad y
sin duda tras definirla nos marca y nos arrastra. Creo
que hay algo más dentro de cada uno de nosotros que desconocemos ,
y ese algo que nos iguala y nos particulariza, en mi caso, me arrastra a expresar,
(que más
da el medio), lo que llevo dentro. Ese
algo perturbador y definitorio, indefinido
por contra, abstracto y concreto, forma
parte de mí mismo. No puedo renunciar
a él. Es como mi rostro. Como mi voz.
Mío y de nadie. Maravilloso y extraño.
Abrir caminos. Con un lenguaje propio. Con
un hacer sentido. Con una obra concreta. Estudiar
las ideas y desarrollar sus
resoluciones. Observar, medir, comparar, preguntar y pensar. Incluso huir.
Sí huir de nosotros mismos para buscar en el color,
en la forma, en lo que aún no es.
Lleno de ilusión y de alegría
estoy trabajando con la caligrafía china y con
la acuarela sintética. Ya conocía desde
años atrás la técnica del pincel chino. Su
sutileza. La exigente destreza de un
medio líquido manchando la textura inmaculada del papel blanco. Ahora
comprendo como el signo puede
esconder algo más que lo literario o un significado acordado por una
comunidad.
No trato de imitar lo visto. Tal vez solo apresar la fragilidad de lo sencillo
(a
veces lo más complicado - las
apariencias suelen engañar). Apresar
esa extraña pregunta que es la letra sin posible traducción.
La letra geométrica
que retorcida y fugaz queda gravada en
mi corazón (tal solo por lo que es), garabato, dibujo, esbozo, código,
si
acaso símbolo... Y todo ello para
responder estéticamente a la eterna pregunta: qué es eso? PINTURA.
Solo pintura, y creo que es suficiente, y lo
demás sobra o es otra cosa.